El cambio climático es un ejemplo paradigmático de problema generado «por agregación». Las emisiones de gases de efecto invernadero que originan el fenómeno son la suma de millones de aportaciones de personas y organizaciones. Aunque, ciertamente, las emisiones de una gran industria contaminante son enormes si las comparamos con las de un automóvil familiar, lo cierto es que actuar sobre las causas del problema exige analizar y replantear millones de contribuciones, grandes y pequeñas.
En España, en contra de una creencia muy extendida, las emisiones de las grandes instalaciones industriales tienen un peso menor que las denominadas «emisiones difusas», es decir, las originadas por contribuciones pequeñas pero numerosas.
A modo de ejemplo, las emisiones originadas como resultado del consumo energético de las familias (el uso de energía en el hogar y el asociado al transporte personal) constituye alrededor de un tercio
de todas las emisiones españolas.
Y mientras que las emisiones industriales se han estabilizado en la última década, las difusas han aumentado sustancialmente.
Desde una perspectiva sensibilizadora y educativa, nos parece necesario destacar la importancia de explorar no solo las causas y consecuencias del cambio climático, sino también las soluciones.
Ya lo dice el proverbio: «Si no tiene solución, entonces no es un problema». Diversos trabajos empíricos han constatado cómo la gente pierde rápidamente interés en la cuestión del cambio climático si considera que «no hay soluciones» o que esas soluciones no tienen nada que ver con nosotros. En este sentido, con esta actividad se pretende que los alumnos y alumnas u otros destinatarios reconozcan las formas a través de las cuales contribuimos a generar el problema, tanto personal como colectivamente, como paso previo para reconocer formas en que podríamos contribuir a resolverlo.
Diversos estudios confirman que la mayoría de los ciudadanos tenemos grandes dificultades para reconocer el consumo de energía o las emisiones asociadas a diferentes actividades, productos o servicios de uso habitual. Entre los factores que dificultan el establecimiento de relaciones entre acciones y emisiones podemos señalar (Heras, 2003):
La diversidad de unidades de medida: las gasolinas se compran en litros; el gas en metros cúbicos; la electricidad en Kw/h. Los consumidores no son capaces de establecer comparaciones entre productos energéticos expresados en distintas unidades de medida.
La difícil traducción a gases emitidos: La mayoría de los ciudadanos-consumidores desconoce la relación entre energía consumida y gases emitidos. Establecer estas relaciones se hace especialmente difícil para el caso de la energía eléctrica, ya que las emisiones se generan fundamentalmente en el proceso de producción y no en el consumo final. Esto lleva a muchos consumidores a percibirla como una energía «limpia», cuando lo cierto es que, en nuestro país, es generada principalmente en centrales térmicas alimentadas con combustibles fósiles.
La ausencia de información suficientemente desagregada sobre consumo energético: Las actuales facturas de energía han sido comparadas con recibir una única factura mensual para todos los comestibles adquiridos, sin que se desglose el coste de cada producto. En la actualidad, no contamos con fórmulas sencillas para conocer cuánto gastamos por el uso de la televisión, la lavadora o la iluminación, lo que se traduce en ideas erróneas sobre cuáles son los elementos más consumidores.
La falta de datos para la mayoría de los productos y servicios energéticos: probablemente no sea realista pretender que los ciudadanos conozcamos las implicaciones energéticas de todas y cada una de nuestras opciones de consumo. Pero sí parece posible y deseable contar con información adecuada sobre los elementos más significativos.
Pretender que la gente realice esfuerzos para ahorrar energía o reducir su huella de carbono sin contar con información adecuada sobre los consumos asociados a los productos o actividades más relevantes, podría compararse con un corredor que emprende un plan de entrenamiento en atletismo sin contar con un cronómetro. El ciudadano interesado carecerá de referencias básicas para orientar sus iniciativas y, además, carecerá de un «feed back» útil para valorar el resultado de los esfuerzos realizados.
Un reto de esta actividad es el de lograr que reconozcamos la importancia de nuestra contribución sin caer en una culpabilización que sería injusta.
MSC. ING. FERNANDO VASQUEZ PERDOMO