jueves, 15 de agosto de 2013

¿CAMBIARÁ EL GAS DE ESQUISTO LA GEOPOLÍTICA MUNDIAL?


Desde el 2006, Estados Unidos empezó a encontrar en su subsuelo más y más de este gas no convencional


Si algo se convirtió en el motivo para desatar guerras e invasiones, eso ha sido  y es  la pelea por los recursos naturales. Así fue con el salitre, el caucho, el hierro y en las últimas décadas el petróleo y el gas.

Ha sido la batalla por los combustibles fósiles del último siglo la que ha configurado las fuerzas de las potencias y las relaciones geopolíticas del planeta. Un mundo basado en cuánto petróleo puedes comprar y cuánto eres capaz de vender y bajo qué condiciones. Nadie puede dudar de la importancia geoestratégica del Medio Oriente, sobre todo del Golfo Pérsico, por su vastísima producción de petróleo. Los amigos y enemigos de Occidente lo son en proporcional relación al llamado oro negro.

¿Pero qué pasaría si las potencias ya no necesitan de los países productores de petróleo? ¿Qué pasaría si Estados Unidos empieza a producir tanto gas y petróleo que puede volverse autosuficiente? Estas preguntas ya dejaron de ser especulaciones. El nuevo orden mundial está empezando a regir.

EL “BOOM” DEL ESQUISTO
Hace un par de años que ya se habla de la revolución del gas de esquisto y cómo este recurso está haciendo tambalear los precios del gas natural e influyendo en la actual cotización del crudo.

A través de la técnica de la fractura hidráulica, desarrollada por los estadounidenses, se crean fisuras subterráneas inyectando agua, arena y productos químicos para liberar el gas almacenado en las placas arcillosas. Esto permite hacer perforaciones horizontales y capturar recursos del subsuelo que antes no podían ser explotados. Lo que se obtiene es el “shale gas” o gas de esquisto, y en algunas zonas ya se ha encontrado incluso petróleo de esquisto.

Desde el 2006, EE.UU. empezó a encontrar en su subsuelo más y más de este gas no convencional, lo suficiente como para que se hable de un “boom” que podría reconfigurar la geopolítica mundial.

“Las rocas en el subsuelo son arcillosas y arenosas. Antes a la roca arcillosa nadie le daba importancia porque es en la parte arenosa donde se encuentra el petróleo y el gas de manera convencional”, explica a El Comercio el ingeniero Víctor Sanz, profesor especialista en petróleo y gas de la Universidad Nacional de Ingeniería. “El gas natural se cotizaba entre 10 y 12 dólares el millón de BTU (1.000 pies cúbicos). Ahora, con la explotación que realiza Estados Unidos, el precio ha bajado a casi 2 dólares. Esto ha originado que ahora tengan una energía barata y que su situación económica empiece a cambiar”, añade.

Entre el 2007 y el 2012 la producción de gas de esquisto representó casi el 35% de la producción total de gas en EE.UU., y esta cifra podría crecer a 50% para el 2030. Y si hablamos de petróleo de esquisto, este puede proveerle de 6 millones de barriles al día de crudo para el 2020, según un estudio del Centro Belfer de la Universidad de Harvard. Haciendo cálculos, los expertos coinciden en que para el 2020, los estadounidenses serían autosuficientes en materia energética.

NUEVAS RELACIONES
Esta situación hará que se repiensen las estrategias de los países cuyas economías están basadas en el petróleo. En el ámbito regional, el principal perjudicado es Venezuela. El año pasado, EE.UU. le compró 15% menos de crudo. “Venezuela va a colapsar, no solo porque el país depende del petróleo sino porque, además, internamente es un caos”, comenta Román Ortiz, especialista en estrategia internacional.

El otro actor clave es Rusia, un país estratégico que últimamente les ha dado más dolores de cabeza a los estadounidenses. Al ser un país rico en petróleo y gas, logró estabilizar su economía gracias a los altos precios del crudo, que le ha servido también para maniobrar con los europeos y, sobre todo, con las antiguas repúblicas soviéticas “A la gente no le gusta el autoritarismo, pero si el autoritarismo está envuelto en dinero, pues lo tolera. Por eso, me parece verosímil que Vladimir Putin no resista y haya finalmente un cambio de gobierno”, añade Ortiz.

El otro punto estratégico del mapa es, sin duda, Medio Oriente y los países del Golfo Pérsico, netamente petroleros. Para muestra, un par de detalles. A inicios de año, la toma de una planta de gas en Argelia (que terminó con más de 80 muertos) y la intervención militar francesa en Mali no remecieron Washington. Ni los insurgentes islamistas ni su vinculación con Al Qaeda motivaron un despliegue de fuerzas estadounidenses, como podría haber ocurrido años atrás. “La retirada de tropas estadounidenses de Medio Oriente es la demostración de que cada vez dependen menos del petróleo de esa región. Antes había dos razones para estar ahí: el petróleo que ellos compraban y el petróleo que compraban los europeos”, analiza Ortiz.

La actual política internacional estadounidense, que prefiere ver de lejos los conflictos (Siria, por ejemplo) también está alertando a los europeos -que no despiertan de la crisis económica- de que ellos mismos deberán velar por sus intereses, sin el auspicio y la protección de Washington.

Siendo así, Estados Unidos se sigue reafirmando como la primera potencia mundial pero con los recursos energéticos suficientes como para dejar de preocuparse, al menos por un tiempo, de los problemas de los demás.

sábado, 3 de agosto de 2013

EL CALENTAMIENTO GLOBAL DISMINUYE LA EFICIENCIA DE LOS BOSQUES PARA ABSORBER EL CO2

A esa conclusión llegó un estudio, que afirma que el cambio climático afecta también el proceso de fotosíntesis



El calentamiento global disminuye la eficiencia de los bosques tropicales en la absorción de dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera, según un estudio liderado por el biólogo español Pep Canadell divulgado hoy en Australia.

Canadell, jefe del Proyecto Mundial de Carbono, explicó a EFE que los bosques tropicales y los océanos son importante sumideros naturales de carbono que contribuyen a mitigar los efectos del cambio climático.

“Un poco más del 50% de todas las emisiones antropogénicas de carbono son absorbidas por los océanos y la vegetación en tierra firme. Esto supone unos 10.000 millones de toneladas de CO2 anuales”, dijo el biólogo.

Canadell, quien trabaja en Camberra para la Organización para la Investigación Industrial y Científica de la Mancomunidad de Australia , lideró el estudio sobre las variaciones anuales de CO2 en la atmósfera relacionadas con los cambios de temperatura y clima.

LA FOTOSÍNTESIS EN PROBLEMAS
La investigación, que analiza el período entre 1958 y 2011, pretendía entender las reacciones de los bosques tropicales al cambio climático y determinar “qué puede pasar en el futuro a medida que aumenta la temperatura” en los próximos cien años, explicó.

El estudio tuvo en cuenta las variaciones interanuales causadas por factores como el fenómeno de El Niño, que provocan un aumento de la temperatura, así como las erupciones de los volcanes, que causan su descenso.

“Los bosques responden de una manera específica a los cambios de temperatura y cuando ésta se eleva, absorben menos carbono”, dijo Canadell, miembro del Panel de la ONU sobre Cambio Climático que recibió el Premio Nobel de la Paz de 2007.

Según la investigación, el aumento de la temperatura causa un descenso de la fotosíntesis de los árboles y un aumento de la respiración de microbios en el suelo, lo que provoca que los árboles tropicales absorban menos dióxido de carbono.

jueves, 1 de agosto de 2013

EL PUEBLO DE ALASKA QUE DESAPARECERÁ BAJO EL AGUA EN DIEZ AÑOS

Casi nadie en Estados Unidos ha oído hablar del pueblo alaskeño de Kivalina. Está aferrado a una estrecha franja de arena al borde del Mar de Bering, y es tan pequeño que no figura en los mapas de Alaska, y menos en los de Estados Unidos.

Algo que quizás no esté tan mal, porque dentro de una década Kivalina estará probablemente bajo el agua. Desaparecido para siempre. Recordado, si acaso, como el lugar de nacimiento de los primeros refugiados estadounidenses del cambio climático.

Fuente: Stephen Sackur, BBC,  Martes 30 de julio de 2013





400 inuits pueblan las cabañas de una sola planta de Kivalina.
El mar ha sido su sustento por incontables generaciones pero en las dos últimas décadas el drástico retraimiento del hielo ártico los ha dejado muy vulnerables a la erosión costera.
La gruesa capa de hielo que protegía su costa del poder destructivo de las tormentas de otoño e invierno. Y la línea de arena de Kivalina se ha estrechado notablemente.
El cuerpo de ingenieros del Ejército de Estados Unidos construyó un muro defensivo a lo largo de la playa en 2008, pero no es más que una solución temporal.
Una feroz tormenta forzó la evacuación de emergencia de los residentes hace dos años. Ahora los ingenieros predicen que Kivalina será inhabitable en 2025.


La historia de este pueblo no es única. Los registros de temperaturas muestran que la región ártica de Alaska se está calentando dos veces más rápido que el resto de los Estados Unidos.
La retirada del hielo, el lento aumento del nivel del mar y cada vez más erosión de la costa ha dejado tres asentamientos inuit al borde de la destrucción inminente, y al menos ocho más en peligro.
Carretera, casas, escuela
El problema tiene un precio: el gobierno estadounidense cree que reubicar a los habitantes de Kivalina en tierras de mayor altitud puede costar unos U$400 millones.
Construir una carretera, casas y una escuela no es fácil en lugar tan inaccesible y no hay señales de que el dinero vaya a salir de los fondos públicos


Los habitantes de Kivalina esperan que el gobierno estadounidense los ayude a encontrar otro lugar donde vivir.

Collen Swan, líder del consejo de Kivalina, dice que las tribus indígenas de Alaska están pagando el precio por un problema que ellos no crearon.
"Si estamos aquí en diez años, o esperamos la inundación y morimos, o simplemente nos vamos a otro lado", dice Swan, en conversación con la BBC.
"El gobierno de Estados Unidos nos ha impuesto este estilo de vida occidental, nos ha dado sus cargas y ahora espera que recojamos nuestras cosas y nos mudemos."
"¿Qué clase de gobierno hace eso?"
En el frente de batalla
Al norte de Kivalina no hay carreteras, sólo la vasta extensión de la tundra ártica de Alaska. Y en la punta del territorio estadounidense más al norte está la localidad de Barrow, mucho más cerca del Polo Norte que de Washington D.C. El verdadero frente de batalla estadounidense ante el cambio climático.
Los residentes de Barrow pertenecen en su mayoría a la tribu Inupiat y cazan ballenas y focas. Pero este año ha estado cargado de problemas.
El hielo marino comenzó a derretirse y a romperse en marzo, muy temprano. Después volvió a congelarse, pero era tan delgado e inestable que los cazadores no podían arrastrar sus botes. La temporada de caza se vio arruinada.



Kivalina y Borrow enfrentan en primera línea los efectos del cambio climático.

Por primera vez en décadas, en Barrow no se cazó ni una sola ballena. Uno de los más experimentados capitanes de la caza de ballenas, Herman Ahsoak, dice que el hielo solía tener un grosor de 3 metros en invierno, y ahora es de poco más de un metro.
"Tenemos que adaptarnos a lo que viene si queremos seguir alimentándonos y viviendo del mar, pero la falta de ballenas este año significa que será un invierno largo y frío."
Barrow es conocida como la "ciudad de la ciencia" del Ártico. En verano recibe decenas de investigadores que observan el retraimiento del hielo ártico y el rápido deshielo del permafrost de la tundra.
Recursos naturales
El rol de Alaska en el tema climático incluye las causas y los efectos. Al mismo tiempo que el territorio ártico estadounidense se calienta, sigue siendo una fuente vital de combustibles fósiles, considerados por muchos científicos como una de las causas del cambio climático.
La región de North Slope es el mayor campo petrolífero de Estados Unidos, y el sistema de oleoductos Trans Alaska es fundamental para la seguridad energética de Estados Unidos.
Y a medida que disminuye la producción de los campos existentes, crece la presión para explotar nuevas reservas alaskeñas.
Shell lanzó una ambiciosa oferta para iniciar la perforación en altamar en el Ártico, a pesar del rechazo de los grupos ambientalistas.



Existe una creciente presión para explorar y extraer petróleo en Alaska.

Las preocupaciones se intensificaron cuando se instaló una plataforma petrolífera frente a la costa de Alaska a principios de este año. Las operaciones están suspendidas, pero el valor del botín es demasiado grande como para ser ignorado.
Kate Moriarty, directora ejecutiva de la Federación de Gas y Petróleo de Alaska, cree que el estado posee 50 mil millones de barriles de petróleo aún sin explotar.
"La realidad es que el Ártico va a desarrollarse", dice Moriarty.
"¿Y quién queremos que lo lidere? Yo digo que queremos que sea Estados Unidos porque la realidad es que la demanda mundial de petróleo y gas no va a ninguna parte."
El conflicto
Cuando el presidente Obama se comprometió a redoblar sus esfuerzos para reducir las emisiones de carbono en Estados Unidos el mes pasado, sus palabras fueron recibidas con escepticismo en Alaska.

El estado debe su existencia al petróleo. Los ingresos por de la industria petrolera representan más del 90% del presupuesto del estado. El dinero del petróleo supone una ayuda financiera anual para cada residente de Alaska y que no tengan que pagar el impuesto a las ganancias.
Y cuando toca equilibrar las dos presiones en conflicto –el veloz cambio climático por un lado y la demanda por expandir la economía estatal sobre la base del carbono por el otro– no hay muchas dudas sobre cuáles son las prioridades.
Ed Fogels, del departamento de Recursos Naturales de Alaska, defiende la estrategia de su estado.
"Cuando todo el mundo se lanza sobre Alaska y dice 'oh, el clima está cambiando, el Ártico está cambiando, las cosas están fuera de control', nosotros decimos que esperen un minuto."
"Hemos estado desarrollando nuestros recursos naturales por 50 años, y las cosas van bastante bien, gracias."
En una generación, el océano Ártico puede quedarse sin hielo durante el verano. El ritmo del calentamiento en el extremo norte no tiene parangón en ningún otro lugar del planeta.
En términos de explotación de recursos, acceso marítimo y asentamientos humanos, es probable que Alaska se convierta en una propuesta mucho más atractiva.
Los científicos llaman a eso efecto de retroalimentación positiva. Pero para los alaskeños que viven en el frente del cambio climático, y para nuestro planeta, puede que no sea positiva en absoluto.